Dejo de hacer todo por hacer lo que hago

Lagartijas Tiradas al Sol es el nombre de un colectivo de artistas que nos dedicamos a la construcción de obras en lo
escénico.
Dirigimos y producimos puestas en escena desde lo actoral (aunque a veces la Historia y el video determinan más cosas
de las que nos imaginamos).
La primera placa, de la primera obra de Lagartijas, fue develada por Clarissa Malheiros y Martín Acosta el 29 de agosto
del 2004 en el Centro Universitario de Teatro, en la UNAM.
Estamos a nada de cumplir 10 años de develar nuestra primera placa -lo que sea que siginifique ese ritual de fundir
metal, aplastarlo, volverlo un rectángulo plano, imprimir en él imágenes y nombres, cubrirlo con una tela roja, invitar a
mucha gente y enseñarle la placa después de una función y antes de unos vinos-.
Esa obra, nuestra primera obra, nos alumbró: nos dimos cuenta que para pensar, producir, escribir, actuar y dirigir
proyectos lo único que necesitamos es espacio y tiempo.
Después rompimos con una de nuestras escuelas.
Nos dirigimos hacia otro lugar. Nos internamos en otras profundidades.
El primer escozor empezó enfrentando la realidad de lo colectivo.
Lo colectivo entendido como un sueño, que cuesta mucho trabajo decifrar en la vigilia.
En duermevela, agitados, hemos insistido en que se puede.
Aunque en realidad a veces se puede y a veces no -el contexto, los momentos de vida, las personalidades, las
ideologías, la disposición-.
Lo que no podemos pasar por alto es que sin el paso de la caballería, este suelo no sería tan fértil.
Han pasado muchas cosas en la mitad del recorrido, ya casi ni me acuerdo.
Hace un par de meses develamos una placa, también en la UNAM. Con un sentimiento de corazón oprimido, porque a
veces nos encontramos con farsantes más crueles que nosotros o con personas que no tienen interés en nuestras
palabras. Y eso duele, sobre todo en el orgullo.
Afortunadamente la memoria es selectiva. Afortunadamente el dolor es pasajero y el trabajo te vuelve fuerte o tonto o lo
suficientemente maduro para olvidar que hay mucha gente trabajando en el teatro y lo hace por que sí.
Este escrito se dirige a la idea de recuento y homenaje. Homenaje al espacio que, por lo menos a mí, me ha enseñado
casi todo lo que ahora sé. Es un homenaje al tiempo recorrido, a la generosidad aprendida, al poder de organizar las
ideas, de plantear las preguntas, de generar la energía, de vivir el desencuentro, de sufrir el encuentro, de materializar la
armonía, de conocer latitudes inimaginables de otra forma, de ganar dinero, de beber alcohol, de ver el cambio concreto,
el espiritual, de entender a mis padres, de construir estéticas, de decir mentiras, de creerme honesta, de amar y odiar, de
madurar, de comerme la manzana podrida y vomitarla.
Lagartijas somos muchos y soy yo. Nada más de imaginármelo me dan ganas de llorar, de cansancio, de emoción, de
tristeza, de cariño, del halago.
Sin todas esas voluntades que han pasado por aquí nada sería posible.
Nada.
Y estamos los que somos y se fueron los que éramos. Pero estos seremos siempre. Ese es el aprendizaje mayor.
Nunca había visto un lago congelado tan grande.
Nunca había oído crujir el hielo como ayer, que pisé demasiada agua congelada y me siento vieja y eso me llena de
emoción.
Lagartijas me trajo al lago congelado más grande que me pude haber imaginado jamás y eso me perturba.
¿Qué sigue después?
Yo creo que ya nada me puede emocionar más.
(Justo tres horas después de preguntar eso me acordé de Guatemala y el bonito taller que dimos allá, me acordé de lo
conmovida que estaba)
(Después veníamos caminando y vimos morir a un hombre, en una avenida al lado del enorme lago congelado, adentro
de su coche, encerrado. Cinco personas tratando de ayudar, el coche se iba hacia atrás, lo detuvieron con unos costales,
llegó una troka con dos jóvenes rescatistas y cuando estaban a punto de abrir el coche, los bomberos y la ambulancia…
en un segundo atrancaron las llantas, rompieron un pequeño vidrio de atrás, abrieron la puerta trasera, la delantera, sin
ningún grito ni claxón, sacaron al señor, azul, lo trataron de reanimar, lo subieron a la camilla, lo metieron a la
ambulancia, cerraron la puerta y ahí sólo vimos un suave movimiento como de mecedora, desde fuera… la ambulancia
no partió, parece que no hubo nada que hacer aparte de dejarlo ir, al lado del lago… ojalá no deje hijos chiquitos.)
Y por eso escribo esto hoy, aquí. Para agradecerle a mi vida lo que hemos sido hasta ahora.
El teatro con dos espectadores, el teatro a medio pelo, el teatro lleno, en México, o donde haya sido, con aplausos sosos
o con patadas. Pasando desapercibidos, o no. Derrochando energía o crudos, tocando timbres a -6 oc o durmiendo
desde las 9 de la noche, sudando.
Estos de aquí seguiremos siendo.
A todas las lagartijas que ayudan (ron) a construir esto, a los 10 años que no son nada, a los berrinches, las peleas, las
horas, los maestros y las escuelas, el transporte, las placas de metal-cerveza-papel, la risa, la vacacion que nunca hay,
las operaciones, la destrucción y las manos sudadas: Salud adentro del coche que se fue al fondo del lago porque
rompió el hielo.
Luisa