Estábamos desarrollando nuestra investigación sobre Centroamérica para hacer una puesta en escena, todo indicaba que la crisis política y humanitaria provocada por la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua sería uno de sus ejes medulares.
En ese tiempo ya teníamos contacto con varias mujeres nicaragüenses exiliadas en diferentes países y por las más diversas (sin)razones. Entonces nos llegó una invitación de José Antonio Sánchez, desde el Museo Reina Sofía, en Madrid, en la que nos proponía hacer una pieza en el marco de la exposición «Esperpento (Arte popular y revolución estética)» que abordaría el concepto del esperpento creado por el escritor Don Ramón del Valle-Inclán.
Decidimos trabajar sobre la novela «Tirano Banderas» porque es una novela que evoca las problemáticas políticas, económicas y sociales en Latinoamérica, así como su diversidad lingüística y geográfica. Al analizarla nos hicimos la pregunta de por qué en una novela publicada en 1926, que contiene un relato en el que se gesta una revolución para derrocar a un dictador, un relato tan claramente relacionado con nuestras realidades (a pesar de su intento por hablar a través de no-lugares y arquetipos), las mujeres que aparecían en él solo figuraban en relación a algún hombre: en su calidad de esposa, madre, hija o servidora sexual, pero, a diferencia de los personajes masculinos, ninguna de ellas tenía la doble vida de revolucionaria, guerrillera o ideóloga, ni una. Decidimos entonces profundizar en la figura del tirano vista por mujeres que viven hoy una dictadura: ¿quiénes son, qué piensan, qué sienten? Lo que hicimos fue pedir a seis de aquellas mujeres exiliadas nicaragüenses con las que ya teníamos relación, que escribieran una carta a «El Tirano». Recibimos seis cartas cargadas de dolor, sabiduría y coraje. Cartas que le dieron todo el sentido al proyecto.
Con ese material hicimos una dramaturgia que se relacionaría con la novela de Valle Inclán y textos de Paul Leduc y Rubén Fonseca. La pieza final consta de un escenario con un telón de fondo que evoca a aquellos paisajes y personajes descritos en la novela. Al frente de ese telón hay una gasa donde se proyecta un video a través del cual escuchamos la dramaturgia epistolar. Entre octubre de 2024 y marzo de 2025 en ese escenario también se desarrollaron activaciones performativas: una actriz dando cuerpo y voz a las palabras de estas mujeres a quienes un tirano les cambió la vida forzándolas al exilio y que, dirigiéndose a un personaje ficticio, nos hablan de la realidad. Una realidad igual o más esperpéntica que la que dio origen a la novela. Nuestra idea original era que estas mujeres dieran lectura a sus cartas, aunque solo viéramos sus espaldas en un video, pero finalmente no quisimos ponerlas en riesgo ni a ellas ni a sus familias.
La pieza se mostró incompleta, al final de cada activación se proyectaría un material audiovisual que contenía fragmentos muy cortos de dictadores vivos y muertos haciendo o diciendo algo. Desde desde el museo nos pidieron sacar del video a los dictadores vivos, luego, desde la curaduría, nos pidieron omitir también a los muertos. Por eso se veía aparecer este aviso al final de cada intervención:
«En este momento se proyectarían videos de dictadores que nos resultaban esperpénticos. Queríamos mostrar lo ridículos y caprichosos que pueden ser esos hombres que han dispuesto de la vida de millones de personas.
Por razones de esta época no pudimos hacerlo.
Y nos preguntamos: ¿Cuántas cosas se dejan de nombrar en el mundo por miedo a la reacción de las tiranías?»
«No tengo por qué seguir soñando con los cadáveres que he visto».
Un proyecto de Lagartijas Tiradas al Sol.
Creación de: Luisa Pardo y Lázaro G. Rodríguez colaborando con Pedro Pizarro, Sergio López Vigueras, Gabriela Selser, Anexa Alfred, Las Pinoleras, Madriz, Teresa Ruiz, Abel Tejeda Esparza, Laura Gaspar y Dulce Jazmín Mateos.
Actrices: Luisa Pardo, Delia Pacas y Laura Pacas.