“La mentira es un arma revolucionaria”
Vladimir I. Lenin
Esta exposición se construyó a partir de una fábula, la de un pas-
tor que mientras pasea a su rebaño grita “¡Ahí viene el lobo!”,
aun sabiendo que el lobo no viene.
Lo que sigue es bien conocido: al escuchar el grito, las personas
del pueblo corren al monte dispuestas a ayudar, pero cuando lle-
gan descubren que el lobo no está. Esto se repite un par de veces:
el pastor grita y los pobladores acuden a su llamado, sólo para
descubrir que todo ha sido un engaño. Hasta que ocurre que el
lobo se presenta de verdad, el pastor grita pidiendo auxilio pero
nadie acude a ayudarle sospechando que es otro llamado en falso.
¿Qué nos dice esta fábula más allá de su moraleja?
Fábula
Una fábula es un relato ficticio con una intención didáctica. Una
narración breve que es alegoría de una verdad y muchas veces
tiene una intención crítica que busca modificar una conducta.
La utilidad pedagógica de las fábulas ha sido ampliamente
teorizada.
En este caso nuestro interés no está en la moraleja, sino en
algo que percibimos que queda latente, algo menos evidente
pero quizá más relevante:
Lo que quiere conseguir el pastor al gritar “¡Ahí viene el lobo!”
cuando el lobo no está.
Título y Traducción
A esta fábula la conocemos popularmente como Pedro y el lobo
y aquí empiezan los equívocos, ya que éste es el nombre de otra
obra, la de Serguéi Prokófiev escrita en 1936, en la que se cuenta
una historia completamente distinta. La fábula del pastor provie-
ne de Esopo y es del Siglo VI antes de Cristo. Hay dos traduccio-
nes predominantes, El pastor bromista y El pastor mentiroso. Nos
inclinamos por la segunda, ya que si el pastor está haciendo una
broma, su finalidad es simplemente divertirse a costa de quienes
le creen, pero a nuestro parecer su objetivo podría ser más ambi-
guo y más ambicioso.
Ocio e imaginación
Imaginemos por un momento al pastor en el campo, sentado en
una piedra mientras observa el rebaño al que lleva a pastar diaria-
mente. Este joven tiene una rutina y ha aprendido a dejar correr el
tiempo mientras espera pacientemente que los animales coman.
Supongamos que mientras ve el tiempo pasar comienza a ima-
ginarse cosas. El pastor pone en práctica eso que aparenta diferen-
ciarnos de los animales, nuestra capacidad de construir escenarios
hipotéticos: si el César no hubiera asistido al Coliseo aquella noche…
Supongamos que su rebaño nunca ha sido atacado por el lobo.
Supongamos también que de los lobos se habla en el pueblo,
que mal que bien forman parte del mundo del pastor.
El pastor imagina una situación y se pregunta “¿Qué pasaría
si… ?” e intenta construir la respuesta a esa pregunta. Y, siguien-
do a Nabokov, ese es el origen de la ficción.
¿Para qué mienten
quienes dicen mentiras?
Normalmente quienes mienten buscan obtener algún rédito: di-
nero, influencia, atención.
El pastor dice una mentira muy atípica, porque es una mentira
con la que aparentemente no gana nada y, por el contrario, más
temprano que tarde va a quedar mal parado.
¿Qué quiere el pastor al gritar “¡Ahí viene el lobo!” cuando el
lobo no está?
Tal vez sólo siente curiosidad, quiere ver suceder algo y sabe que
la única manera de propiciarlo es diciendo una mentira. Tal vez sólo
busca ejercer una posibilidad que la realidad no está ejercitando.
Sería, en ese caso, una mentira que se parece mucho a la ficción.
Mentiras planeadas y ejecutadas
Hay muchos tipos y niveles de mentiras, algunas nos dicen solo
lo justo para no comprometerse u omiten algún detalle, pero hay
otras que construyen un andamiaje que incluye complejas inte-
racciones entre espacios, tiempo, personas, causas y efectos.
Francis Bacon en De la simulación y la disimulación distinguía
3 grados de ocultación y veladura del íntimo sentir de una per-
sona. Pongamos por ejemplo: un joven se pelea con su padre, a
la mañana siguiente tiene que ir a la universidad pero le da ver-
güenza que sus amistades sepan que ese ojo morado proviene
de una golpiza de su progenitor.
Partiendo de que el joven no quiere compartir lo que pasó en
realidad y siguiendo los niveles de Francis Bacon, puede mentir
de las siguientes maneras.
Reserva, discreción y secreto: quedarse encerrado en su casa
sin dar explicaciones.
Disimulo en lo negativo: disimular la herida con maquillaje y
ponerse lentes de sol intentando que nadie note el moretón.
Simulación en lo afirmativo: inventar una historia en la que cuente
cómo al salir de su casa resbaló con un charco de aceite y al caer…
Contar una mentira simulada en lo afirmativo requiere un esfuer-
zo grande para crear una dramaturgia y una actuación convincente.
Requiere de un diseño y una ejecución adecuados, porque preten-
de subvertir las cosas: hacer pasar lo que no es como si fuera.
Artistas, ficción realidad,verdad y mentira
Desde Platón, existe una tradición que desconfía de las artistas y
de los poetas porque “hacen pasar las apariencias por realidad”.
Porque usan un arsenal de “trucos” para hacer pasar lo que no es
por lo que es. Es un recelo hacia las manifestaciones que, a partir
de la representación, nos hacen sentir cosas reales. Esta tradición
sigue permeando enormemente, tan es así, que términos como
ficción, actuación o teatro se usan cotidianamente como sinóni-
mos de mentira. Esto es muy claro en la prensa o en las redes
sociales: “La política migratoria es una ficción…”, “Mi novio armó
un teatrito cuando llegamos a la reunión…”, “Pura actuación
fue lo que hizo el diputado…”, etc. Por lo general, las personas
que nos dedicamos a la ficción, buscamos diferenciar estas cate-
gorías, pero luchar contra el uso popular de las palabras es casi
siempre una batalla perdida.
La ficción está enmarcada en un espacio de representación
Las similitudes entre la ficción y la mentira son muchas. La dife-
rencia es una. Citando al maestro, consiste en saberla.
¿Cuál es la frontera entre falsedad y la ficción?
El relato de ficción nos refiere acontecimientos que no tienen co-
rrelato con el mundo real. Es una construcción intencionada. Por
lo que estamos acostumbradas a descifrar las ficciones en térmi-
nos de causas y efectos, de medios y fines. Ya decía Aristóteles
que mientras en la Historia las cosas suceden unas después de
las otras, en la ficción suceden unas en consecuencia de las otras.
Tradicionalmente se asume que las personas entendemos que es-
tamos frente a una ficción y que eso que vemos no es el mundo
real, así que para experimentarlo requerimos, citando a Colerid-
ge, suspender nuestra incredulidad. Pero esto no siempre es así.
No todo es tan definitivo, ni tan claro. Hay ficciones que operan en
el mundo como materia real. Una leyenda es una ficción que se
enmarca en la realidad y es por eso que “El dorado”, aquella mítica
tierra llena de oro en nuestro continente, tuvo consecuencias tan-
gibles y verificables en la realidad. Es decir, que el grado de ficción
que tiene algo no determina su manera de operar en la realidad.
Lo mismo dicho de otro modo
La ficción y la realidad no son espacios separados que funcionan
como contenedores ni tampoco conceptos cerrados y opuestos,
sino apenas parámetros que es necesario negociar constante-
mente. Las cosas no son ficticias o reales, sino que pueden ser (y
a menudo son) ficticias y reales a la vez. Son categorías que ope-
ran mediante complejas interacciones y gradaciones. Hay grises.
Hay lobos grises.
Simulacro
Mucho se ha hablado de la ficción como simulacro, como ensayo
de lo real. Las consecuencias de la ficción operan de otra forma
que las de un evento real, pero existen y son concretas, lo mismo
que las del simulacro.
Cuando los habitantes de la Ciudad de México escuchamos la
alarma sísmica en el marco de un simulacro, sentimos miedo,
ansiedad, terror. Nos pasan cosas reales detonadas por algo que
sabemos que no lo es.
El pastor caminó para que pudiéramos correr
Como decíamos, todas las personas generamos escenarios hi-
potéticos en nuestra mente, posibilidades que la realidad no ha
ejercido. Pero el pastor no se conforma con imaginarla y busca
poner esa hipótesis en la realidad. Quiere ver qué y cómo pasa,
verlo con los ojos.
Poner algo en el mundo, poner algo en escena.
Al gritar que el lobo se aproxima, el pastor echa a andar el
mundo. Desencadena una serie de acciones en la realidad. Ma-
terializa su inquietud.
¿El pastor está haciendo arte?
Materializar
El teatro es un arte de la materialización, en el que se le da cuer-
po a una idea. Un arte que causa acciones en la realidad aunque
muchas veces éstas sean ficticias. Pero las cosas no son tan claras,
ni las fronteras tan definitivas, dos personas que se besan en el
marco de una obra de teatro son dos personas actuando que se
besan y también son dos personas que, de facto, se besan.
Los efectos del arte
Históricamente han existido una multiplicidad de prácticas artís-
ticas que han buscado que sus propuestas incidan directamen-
te en la realidad, intentando desestabilizar el lugar previamente
conferido a las obras de arte. Han buscado por medio de diversas
estrategias como el camuflaje, el engaño y la impostura, aumen-
tar su coeficiente de realidad y no quedar confinadas al campo
de la representación. La acción del pastor podría inscribirse den-
tro de esa tradición, que busca, a través del artificio, que las cosas
sean igual o más reales que la realidad misma.
Un fragmento multicitado
Cuenta Plinio en su Historia Natural, que dos pintores se batieron
en una competencia para determinar cuál de los dos era el artista
cuyo cuadro se acercaba más a la realidad. El primero develó una
pintura en la que aparecían unas uvas tan bien pintadas que los
pájaros se abalanzaron sobre el lienzo intentando comerlas. Muy
satisfecho de lo que había producido su cuadro, éste pidió al se-
gundo pintor que retirara la tela que cubría su lienzo y sólo enton-
ces se dio cuenta de que lo que éste había pintado era una tela.
Clases de actuación
¿Cómo sonaron los gritos del pastor? ¿Se oía asustado? ¿Qué hizo
que las personas del pueblo le creyeran? Dado que la gente reac-
ciona a los gritos del pastor, debemos asumir que éste actuó de
manera convincente. El pastor dice un texto previamente definido
buscando sonar espontáneo, verosímil y convincente. Todos estos
son atributos que busca cualquier actriz… y cualquier mentiroso.
Recordar es volver a vivir
Pero al pastor no le basta con realizar su acción en una ocasión,
una vez que la hizo, la intenta repetir. El teatro es una disciplina
que trabaja sobre la repetición. Las obras se hacen para repetirse,
las obra se construye y constituye por medio de repetirse. Algo
parecido pasa cuando comenzamos a ser espectadoras, las niñas
piden ver la misma película una y otra vez, la misma historia, el
mismo cuento. ¿Qué encuentran los niños en ese volver a ver lo
que ya vieron?
El pastor está en los dos frentes, por un lado es actor, al des-
encadenar con sus gritos la acción, pero después transita a ser
espectador de su propio procedimiento.
Decía Grotowski que él era el primer espectador de lo que hacía,
que su arte consistía en primer lugar en diseñar algo para sí mismo.
Cuando nadie le cree al pastorcito
La fábula de Esopo termina cuando al pastor se le aparece el lobo
y pide auxilio, pero para ese momento las personas del pueblo
han comprendido que el pastor les llama cuando el lobo no está
y ese día deciden no acudir en su ayuda. Cuando nadie le cree al
pastorcito el código se ha establecido, la práctica se ha domesti-
cado. Eso mismo sucede en el arte, hay momentos en que ciertos
procedimientos causan ciertos efectos en contextos específicos,
pero después de un tiempo son asimilados y dejan de generar lo
que antes provocaban. Las estrategias comienzan a ser reconoci-
bles y a volverse inofensivas.
La sal sala
¿Un engaño puede producir reflexión y conocimiento?
¿Lo fingido puede ser un motor que nos impulse hacia lo ver-
dadero?
A muchas personas el final de la fábula les da tranquilidad por-
que les devuelve al territorio de lo conocido y lo aceptado, en
el que asumimos que el mentiroso miente, que mentir es malo,
que el pan es pan y el vino es vino.
Al igual que en Las aventuras de Pinocho, la fábula de El pastor
mentiroso tiene una primera lectura que pareciera pugnar por
mantener un orden de las cosas, un statu quo. Pero también po-
demos leer en ellas una política sobre lo falso que no es eviden-
te, ambas ficciones nos demuestran que en ciertas circunstancias
la falsedad nos permite acceder al conocimiento, que hay men-
tiras que no buscan obtener rédito, que a veces el engaño nos
permite acercarnos a la vida, a una vida más vida.
Mentirosos del mundo, uníos
J. Janssens dijo que la fábula es la puesta en acción de una mo-
raleja por medio de una ficción. Lo que el pastor hace es poner en
acción la realidad por medio de una falsedad.
Los límites de la ficción y la mentira ponen en crisis el mundo
en el que nos enseñaron a vivir, a quienes nos educaron en la
dicotomía y el binarismo.
Un posible papel del arte, es el de desestabilizar nuestras cer-
tezas y elevar la incertidumbre. Regresar a la experiencia huma-
na su condición contingente. Volver a imaginar. Hacernos dudar
en este tiempo de certezas y convicciones. En este tiempo en que
las personas están tan seguras de sus afirmaciones, la ficción
puede ser el refugio de la indeterminación. Puede ponernos a
dudar. Darnos la posibilidad de ensayar la vida. Empujarnos
a crear una epistemología de lo ficticio. Y desde ese espacio de
perplejidad, ver si tenemos o no el valor de enfrentar a un lobo…
que aún no está.
Lagartijas tiradas al sol, 2022.



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