V E R E D A S estrechas y anónimas

 

 

 

V E R E D A S

estrechas y anónimas 

 

Ante el momento que vivimos: guerra, crisis climática, discursos de odio, violencia, individualismo, crisis de gobernanza, etc. No puedo no preguntarme, como creadora y gestora, si lo que hago importa, si ayuda a resolver algo, si tiene sentido. Con este texto quiero juntar ideas, preguntas y emociones para compartir, porqué cada día reconozco lo afortunada que me siento de poder hacer lo que hago. 

Hace poco, junto a otrxs, definimos cultura como ecosistemas de técnicas, saberes, prácticas y procesos con los que mediamos la vida. La protección y promoción de la cultura, es el cuidado de la vida misma. 

Si la cultura media y cuida de la vida,¿las acciones que llevó a cabo lo hacen? ¿Cómo se cuida la vida? 

Vivimos un sistema económico impulsado con la Revolución Industrial, que perpetúa un esquema asimétrico que ha tenido costos sociales muy altos y que hoy, más que nunca, pone en riesgo la supervivencia de la vida en el mundo.

Seguimos en un proceso de colonización. La pensadora feminista Paola Ricaurte explica que el colonialismo se mantiene como matriz de poder incluso después del momento histórico al que llamamos la colonia. Esta matriz se alimenta del control del trabajo, los recursos, los productos, la sexualidad, las instituciones, las formas de violencia, las relaciones intersubjetivas, el conocimiento y las formas de comunicación. Ricaurte recupera el término de colonialidad propuesto por Aníbal Quijano, y expone cómo esta se materializa a través de la imposición de modos de ser, pensar, sentir, hacer y vivir capitalista, occidental, moderno y patriarcal. La colonialidad, dice Paola, se basa en las diferencias étnicas, sexo-genéricas y de clase que producen órdenes de clasificación y de conocimiento al servicio del sostenimiento de las asimetrías de poder. 

La explotación y dominación cultural son totalmente contrarias al cuidado de la vida, condenan a muerte todo aquello que es distinto.

Quienes trabajamos por la cultura tenemos que mantener, como política, procesos que pongan en duda los órdenes de clasificación y de conocimiento que nos han impuesto. Dar espacio al “error”, para sostener la vida y su diversidad. 

Hace tiempo que trabajó para instituciones culturales de gobierno. La institución pública es compleja y con muchas capas. Y la conformamos todxs los que de alguna manera participamos de ella. Ya sea como públicos y audiencias, gestora, coordinadora, programadora, formadora, creadora, administradora, directora o funcionaria. Todxs somos parte. 

Cada cambio de estafeta, tengo esperanza de que cambien los procesos, pero sin escapatoria, se vuelven a reproducir liderazgos, estructuras y formas jerárquicas que lejos de cuidar, reproducen las mismas asimetrías y matriz de control.

Nos toca a todxs cuidar de nuestras instituciones, atenderlas y buscar transformarlas. 

Cuando digo cuidado pienso en responsabilidad, dedicación, asistencia, atención, lenguajes y posibilidades. Poner en duda las certezas que dominan este tiempo. Permitir zonas para la desorientación, la ambigüedad y el anonimato.

Vivimos un tiempo de nuevos holocaustos que se fundan en tecnologías de la muerte: se mata con drones controlados a distancia; el hambre y la enfermedad son empleadas como armas de guerra; los centros de saberes son dinamitados; la tierra es —en el más literal de los sentidos— explotada. 

¿Cómo podemos imaginar dispositivos que nos liberen del horror? ¿Cómo poner la defensa de la vida como el más imperante de los objetivos? Y, llegado el punto, ¿qué más podemos decir sobre nuestro tiempo con las herramientas con que contamos? 

Dice John Berger  : 

Recostados boca arriba, miramos el cielo de la noche. Es aquí donde comenzaron las historias, bajo la protección de multitud de estrellas que nos escamotean certezas que a veces regresan como fe. Aquellos que primero inventaron y después nombraron las constelaciones eran narradores. Trazar una línea imaginaria entre racimos de estrellas les otorgó imagen e identidad. Las estrellas tejidas en esa línea fueron como los sucesos tejidos en una narración. Imaginar las constelaciones no cambio las estrellas, por supuesto, ni el vacío negro que las circunda. Lo que cambió es la forma en que la gente leyó el cielo nocturno.

El trabajo cultural es responsable activamente de hacer posible otras realidades. Me atrevo a sugerir que es nuestra labor abrir veredas, con lo que tengamos a la mano, para la invención y la imaginación. 

Hace falta que colaboremos, nos permitamos la  equivocación, seamos tolerantes con lxs otrxs, no dejemos de aprender y de sorprendernos. Cultivemos la humildad.  Mantengamos procesos continuos, vivos, con impulso de transformación y transmutación que agrupen pasados, presentes y futuros.

Abramos veredas estrechas, que pasen desapercibidas para lo que no quieren que imaginemos, nos miremos, nos escuchemos. Para en ellas perdernos, distender el tiempo, reflejar amor, promover autonomía. 

Desde lo micro, cuidemos la vida. 

 

Marcela Flores Méndez

 

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